Amarse a uno mismo

El amor es incondicional, el amor abarca la totalidad, el amor alivia, el amor repara. Su antagonista es el miedo. El temor inunda de pensamientos la humanidad y nuestra humanidad, desde nuestro nacimiento, por lo tanto, mucho sabemos del temor y poco del amor. Sin embargo, el amor no tiene opuestos.

Dos fuerzas creadoras, el amor y el miedo. Entendiendo ambas.

Nuestra noción del amor ha sido “formada” o “educada” de manera condicionada desde nuestra más tierna infancia, al menos así me parece después de haber recorrido 17 países y vivido en diferentes culturas. El condicionamiento que hemos recibido (incluso antes de nacer) por parte de nuestro padre y madre (reales o simbólicos), o en la escuela, no me parece tan alejado del reflejo condicionado de Pavlov y su famoso experimento. En nuestro caso, el condicionamiento ha sido algo así como “si haces esto o te comportas de esta manera: te amo”, en cambio, “si haces esto otro que a mi no me gusta: te castigo y no te amo”, de modo que vamos por la vida buscando y expresando “amor” condicionado, porque “nos portamos bien”, porque “somos muy responsables” y “muy bien educados” (o amaestrados) y no entendemos porqué alguien no pueda ver estas cualidades en nosotros -y no nos ame- a pesar de que se nos han inculcado desde pequeños esos “buenos modales”. Con esto no quiero decir que no haya que tener normas de convivencia ni de respeto, aunque, sobre todo el respeto, debiese ser edificado justamente hacia aquello diferente y que no comprendemos.

Por supuesto, el adiestramiento que hemos recibido no ocultará por completo ni para siempre “la sombra” que cada uno de nosotros porta, ese lado oscuro que nos habita y que nos “enseñaron” que “era malo”. Ese lado oscuro en algún momento aflorará, a veces de forma traumática en las familias, siendo la verdad profunda que así como somos fuente de luz, por el solo hecho de nacer en esta tierra, heredamos también una parte de sombra (mayor o menor, según cada familia), una porción de oscuridad que, en el fondo, esta allí en el clan familiar porque busca ser aceptada, integrada, amada, reparada y no ignorada, rechazada, ocultada. En efecto, el nacer en esta humanidad contaminada de pensamientos no amorosos, sino de miedo, que sabemos serán parte nuestra desde el momento de nacer, es el mayor acto de amor que hacemos a nuestras familias y a la humanidad cuando venimos al mundo, porque somos fuentes de luz amorosa.

El amor incondicional es la única fuerza realmente capaz de ver en paz la sombra en nosotros mismos y en las demás personas, en nuestros hijos, en nuestros progenitores, en nuestros hermanos, en nuestros “enemigos”. El amor es la fuerza más poderosa del universo justamente porque no niega, ni oculta, ni tergiversa, en cambio el miedo es el que niega. “El temor es la energía que contrae, cierra, capta, huye, oculta, acumula y daña. El amor es la energía que expande, abre, emite, permanece, revela, comparte y sana. El temor cubre nuestros cuerpos de ropa. El amor nos permite permanecer desnudos. El temor se aferra a todo lo que tenemos. El amor lo regala. El temor prohíbe. El amor quiere. El temor agarra. El amor deja ir. El temor duele. El amor alivia. El temor ataca. El amor repara. Cualquier acto humano se basa en una emoción o la otra (Capitulo 1, Libro 1. Conversaciones con Dios. Neale Donald Walsch, 1994)”.

El amor incondicional nos permitirá recordar nuestra historia, nuestro pasado herido, allí cuando justamente no recibimos ninguna caricia y ni una palabra amable, sino todo lo contrario, para ver más allá de nuestro propio dolor y llegar a ver al otro como un ser humano que también fue agredido, que también fue sometido al miedo, que también deseó caricias y en cambio recibió golpes y que simplemente no lo pudo hacer mejor porque era imposible en esos momentos. Hagámoslo mejor nosotros entonces, gracias a la compasión, a la aceptación, al perdón y a decidir amar en vez de reaccionar con el miedo de un ser herido toda nuestra existencia. El amor nos alivia, el amor nos repara.

El amor a uno mismo

Todas las personas nacemos a los menos con 5 dones y talentos, que convierten al 97% de los seres humanos en genios en potencia (La Maravillosa Experiencia de Ser, Robert Yasuda, PhD, 2016), sin embargo, raramente se nos ha impulsado a explorar y desarrollar esos dones y talentos que traemos desde niños, con los cuales podríamos iluminar el mundo, siendo la tragedia entonces que el 83% de las personas se desempeña o trabaja en cosas que no le gustan y que no tienen ninguna relación con sus talentos. Afortunadamente, una gran luz de cambio se ha producido en el planeta y esa luz es la fabulosa educación publica de Finlandia (número 1 en el mundo), que ha privilegiado, por sobre el miedo, la búsqueda de la felicidad en los niños a través del desarrollo de sus capacidades innatas, de sus dones y talentos, como tan bien lo ilustra el magnifico cineasta Michael Moore en su Film “¿Qué Invadimos Ahora? (2015)”.

El amor a uno mismo consiste en ir dejando de lado, poco a poco, a través de la observación diaria e incesante de nuestros propios pensamientos, aquellas ideas, acciones y prácticas repetitivas que nos alejan del amor incondicional a nosotros mismos en nuestro trabajo, en nuestra relación de pareja, con nuestros hijos, en nuestra familia, en el club deportivo, en la asociación, etc. Solamente esta observación, que podríamos denominar una observación diaria con una “Ardiente Paciencia” (Antonio Skármeta, 1985), nos permitirá observarnos día tras día, hora tras hora, gesto tras gesto, para ver si los pensamientos y acciones creadoras que ejecutamos, hacemos o actuamos, nos conducen hacia el miedo inculcado desde pequeños o hacia el amor incondicional a nosotros mismos como seres completos, con luces y sombras. El amor es la energía que expande, abre, emite, permanece, revela, comparte y sana. El amor alivia. El amor repara.

Amarse a uno mismo pasa también entonces por respetar nuestros dones y talentos –y ejercerlos– pues es la única forma concreta de superar nuestra oscuridad y pasar a ser emisores de la luz amorosa de la cual somos portadores, pero este paso será imposible si vivimos diariamente en contradicción, es decir, pensando una cosa, sintiendo otra y haciendo una tercera completamente diferente. Al ejercer nuestros dones y talentos, y desenvolviéndonos con ellos de forma coherente en la vida, mostrándonos como somos, quiénes somos, sin caretas, es el mayor acto de amor y respeto por nosotros mismos y, de paso, por los demás. Hemos venido a la vida a vivir y no a escondernos, tengamos entonces el valor de Ser y estarás trayendo el amor a la tierra.

Amate a ti mismo, respétate a ti mismo, cuidate a ti mismo, para poder amar, cuidar y respetar a los demás.

Robert Yasuda, PhD. Autor del libro La Maravillosa Experiencia de Ser

3 Comentarios

  • amy
    Amy Sacco Excelente reflexión del amor; del condicionamiento y temores,Gracias por tus estudios que nos permite revisar nuestras vidas.
  • shigeko Salinas
    Gracias por invitarnos a revisar si nuestros pensamientos y acciones están en el amor o el temor, en el amor condicionado o incondicionado, porque estamos muy programados a resolver situaciones de una sola manera, de la forma negativa, del conflicto, del juicio y luego nos sentimos culpables. En vez de descansar en el amor, donde nos sentiremos en paz y en definitiva más felices.

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